El hombre invisible


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Yo solo fui para ella

como el hombre invisible

el espía que nunca existió

el fantasma del Louvre

la oreja de Van Gogh

Una duna en Arrakis

sin gusano ni specia.

Como la sombra negra

que se refleja al fondo

por detrás del Telón

Como una enana blanca

que brillaba en el cielo

sin que nadie la viera

yo fui como Cyrano

en la selva sin nombre

del doctor Livingstone

fui como un día de junio

dentro del almanaque

que perdió Sigmun Freud.

Yo solo fui para ella

como algunas espadas

que se arrojan al mar

cuando acaba la guerra,

La espada Lancelot.

Fui un instante de miedo

una ostra sin perla

yo solo fui para ella

como una nube enferma

que explotara al calor

de las llamas que duermen

en la boca de un Dragon.

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La diana.-


camisa-blanca

Apareció de pronto como por embrujo

yo estaba al lado de la puerta

entre el mostrador y la ventana,

Ella llevaba puesto un pantalon vaquero,

una camisa blanca con el boton abierto

y unos labios rosados y finos

y dispuestos, que enseñaban los

dientes haciendo juego con la blusa.

Yo estaba de perfil iluminado solo

por la pequeña luz de una diana

negra de dardos acolchada.

Pero me vio al instante en la penumbra

y me llamó su dedo haciendo un gesto.

Yo me quedé mirandola un momento;

Habia dado en el blanco a la primera

y tuve que seguirla hasta el infierno.

Topacio.-


TOPAZIO

La piedra azul, topacio, brillaba entre sus dedos

mientras hacia despacio sus juegos malabares

y caían adormecidas las hojas del castaño

y lo miraba el gato asombrado de verdades.

En el pecho escarlata de los héroes, brillan

también las lanzas igual que escapularios

y en la verde pradera de los sueños perdidos

reaparecen como sombras fervientes con sudario

Las medallas que nunca se colgaron y penden

de una pequeña alforja en donde se refugian

los inviernos, llenos de espanto y fiebre

gelatina invisible de los tiempos pasados.

Y al cabo, brilla la luz que nunca se encendió.

 

Análisis.-


a puñaladas

La sensatez no se aplica por igual en los humanos

Los estados depresivos que acompañan

cada una de las circunstancias que vivimos

demuestran que no sabemos enfrentarnos

de igual manera a las cosas que nos pasan.

Quien puede decir entonces si es sensato;

el que ríe o el que llora ante un acto depravado.

A cada cual los biorritmos se le alteran de una forma.

No es más débil el que sufre las tensiones

de la vida cotidiana, que el que piensa que

las tiene dominadas si controla sus acciones.

Poder vivir de ilusiones es lo que nos diferencia

de los otros animales del planeta que habitamos.

Ya dijo Calderón;

que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son.

 

Todo cuanto te dije.-


soledad-mujer

Era temprano aunque ya anochecía,

Todo cuanto te dije y no fue cierto

Se repite de a poco en mi cerebro

como una larga sombra borrascosa

 

Todo cuanto te dije y no fue cierto

A fuerza de repetírmelo a mi mismo

como un necio, lo he acabado creyendo

hasta hacerme la vida desdeñosa.

 

Todo cuanto te dije y no fue cierto

Ha hecho de mí un hipócrita envuelto

en esa sensación tan nauseabunda

que tienen algunas veces los apátridas

 

Todo cuanto te dije desordenadamente

Ha ido trazando coordenadas de odio

En tus límites de realidad y ficción

Como una flecha condenada al vuelo

Que acaba por herir a quien no debe.

 

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Camille despues de repasar las notas de su diario.-


 

tiempo 2

Tus besos de pálido gris me han empezado a llegar como tormenta.

Seguro que me verás en algún lugar con alfileres prendidos en el pelo,

lloraré por calles que nunca vi, mientras van pasando en tus pensamientos,

todas las cosas que nunca te dije y sucedieron, y ahora golpean mi conciencia.


Es demasiado larga la cicatriz que me atraviesa, me habla de ti, de tus ojeras

negras, has infectado mi corazón, con promesas que nunca debiste de ofrecer,

solo son dudas, nunca podrás demostrar nada de lo que piensas. Regresaré

solo por ver si en tu camino queda una sola piedra que no te haya hecho tropezar.

 

Ella tenía nombre de mujer soltera.-


black an white 212

Nadie sabe las cosas que el pasado

es capaz de devolvernos a la playa de nuestra desmemoria,

regresan ola a ola, se acompañan de fechas y sucesos,

de miradas y lodos.

Suben imperceptibles suavemente muy lentas,

agrupadas en álbumes los mismo que las fotos.

Y se instalan precisas sabiendo que alimentan

sensaciones perdidas de un mundo que era eterno

cuanto menos pensábamos en ello.

Los bucles de su pelo aun tienen el olor de las mareas,

Son negros como entonces cuando el viento

mecía su cabellera.

Sus manos siguen siendo dos redes inmensas

Llenas de caracolas de colores vistosos

Y de perlas marinas reluciendo en la noche

Tiene los mismos ojos del color de las dunas

cuando el sol se reclina sobre ellas

igualando en un plano luz y sombra.

Es la mujer que sueñas, la que todos soñábamos

la que tenía la puerta siempre abierta,

las piernas alargadas y un rubor ceniciento

en las mejillas casi condescendiente a los reproches.

No recuerdo su nombre, ni la pienso perfecta.

Tanto da como fuera.  Su nombre solo era,

un nombre más de mujer soltera.

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