Virus.-


chip

El director hablaba sin pausa, de algún virus hallado en el sistema

que acababa de borrar todas las cuentas asociadas al programa.

Yo lo miraba perplejo todavía. Según parecía, el asunto era grave

porque había mucho en juego. El hombre del abrigo me miraba

como si estuviera escrutando algún insecto. Yo sonreí un instante,

todo aquello, parecía una película de Spielberg. Sin embargo

era cierto que habría que quedarse hasta encontrar

una forma de arreglarlo.

Desde el departamento llame a casa. Iba a llegar muy tarde

estaba claro. Sorbí con lentitud exasperante un café vomitivo de

la maquina.

Me senté ante el teclado abrí una llave, se encendió la pantalla.

La ajusté para el reinicio y todo en un instante se fue fundiendo

en negro como en una película de Chaplin. Me volví y aquel tipo

con el abrigo puesto aun me miraba. Empezó a desesperarme

su silencio.

Saqué una pastilla del bolsillo interno, me la metí en la boca y con

un trago del pútrido café la fui tragando, se reinicio el equipo por

completo. Y todo al parecer seguía en estado virulento, el hombre

me miraba ya muy serio. Pero yo no descompuse mi figura,

no aparenté ni un nervio.

Me levanté seguro de mi mismo, por algo, era el mejor empleado

del programa informático de todo el Ministerio. Di dos pasos precisos

y ajustados me agache hasta la toma de corriente y la desenchufé

de un movimiento. El hombre me miró como dudando de mi capacidad

y mi eficacia. Yo también lo miré autosuficiente, sin perdida de tiempo,

me acerqué hasta la gran computadora,

soplé el ventilador le di unos golpes Comprobé su modelo

y lo anoté en un posit. Me levanté de nuevo fui a la toma

y la volví a enchufar con una autoridad y una simpleza

que al hombre pareció desagradarle. Seguí como si nada

y nuevamente reinicié el aparato con soltura.

Miré de reojo al gigante del abrigo.

Sentía en mi cuello a la vez que me miraba, los segundos se hacían

interminables, mientras que iba el sistema operativo

abriéndose despacio.

Resultó que el tal virus había sido solo un golpe de calor

en el Sistema. Pude irme antes de lo previsto.

El jefe cuando entré me miró y dijo – No se preocupe Sánchez,

le compraré otra maquina de Expresso  la próxima semana.

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