No digas que fue un sueño.- (Constantino Cavafis)


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Al escribir sobre Kavafis vengo a saldar otra deuda, que por supuesto él no sabrá nunca que tenía contraída con sus versos.

Constantin Kavafis magistral poeta Griego cuya vida se desarrolló entre los años 1863 y 1933, cerrando el círculo de su nacimiento y muerte la ciudad de Alejandría. Intentó como él mismo dijo unir el lenguaje hablado y el escrito, recurriendo para conseguirlo a toda su experiencia e intuición poética, temblando por así decirlo, sobre cada palabra.

Su historicismo  Helenista viene influenciado por el parnasianismo en su poesía, y lo mantiene fuera de las normas en la que se fundían los poetas griegos de su época, mucho más apegados a la realidad de su momento y de su idioma al  escribir su obra.

“Del parnasianismo también le viene a su poesía la frialdad mineral de la forma que persiguió con ahínco.
Pero sobre todo leyó con el mayor provecho a los simbolistas, y sus saludables huellas son visibles especialmente en sus poemas eróticos, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, vivieron una sexualidad libre que se refleja plenamente en su obra. Esa libertad debió de animar a Cavafis a reconocer en su obra la tendencia homosexual del amor. Con los problemas que ello podía entrañar en ese entonces.” *(1)

Los poemas de Cavafis aun cabalgando en ese historicismo del que hablaba antes, dejan reflexiones intensas, validas en cualquier momento y lugar, como es el sentido de pérdida y fracaso recogido en su poema “El dios abandona a Antonio” una perdida que hay que aceptar, y de la que hay que reponerse, aunque esta sea, la perdida de la juventud, el irremediable paso del tiempo y lo que conlleva.

Cuando de pronto, a medianoche, se oiga

El cortejo invisible que circula

Con músicas excelsas, con clamores-

De tu destino que se entrega, de tus obras

Que fracasaron, de los proyectos de tu vida

Que tan mal te salieron, no te lamentes en vano

Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente

Dile adiós a ella, a la Alejandría que se va.

Y sobre todo no te engañes, no digas

Que fue un sueño, que fue error de tu oído

Nunca aceptes tan vanas esperanzas.

Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente,

Como te va a ti que de una ciudad tal has sido digno,

Acércate con entereza a la ventana,

Y oye con emoción, pero no

Con suplicas y quejas de cobarde,

Como un último goce los acordes,

Los excelsos instrumentos de misterioso cortejo

Y dile adiós a ella, a la Alejandría que pierdes.

(El dios abandona a Antonio)


Esta utilización de mitos Griegos para sugerirnos sentimientos de perdida, o de longevidad, de necesidad de vivir plenamente, viene también recogido con no menos acierto en otro de sus mas celebres y recomendables poemas. Hablo sin duda para quien conozca un poco su obra de “Itaca” el sueño de Ulises, mito viajero recogido en la obra de Homero como Oddyseus, que hubo de recorrer un largo camino de mas de 20 años, para poder regresar al fin a Itaca.
De ahí que la Odisea no pueda ser más que tomada como el camino, la vida en resumidas cuentas, que se ha de recorrer sin prisa, para llegar al final ineludible de la muerte.

Cuando salgas de viaje para Itaca,

Desea que el camino sea largo,

Colmado de aventuras, colmado de experiencias.

A los lestrigones y a los cíclopes,

Al irascible Poseidón no temas,

Pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino,

Si su pensamiento se mantiene alto, si una exquisita

Emoción te toca cuerpo y alma.

A los lestrigones y a los cíclopes,

Al fiero Poseidón no encontrarás,

A no ser que los lleves ya en tu alma

A no ser que tu alma los ponga en pie ante ti.

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas estivales

En que- ¡y con que alegre placer¡

Entres en puertos que ves por vez primera.

Detente en los mercados fenicios

Para adquirir sus bellas mercancías,

Madreperlas, nácares, ébanos y ámbares

Y voluptuosos perfumes de todas las clases,

Todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles.

Y vete a muchas ciudades de Egipto

Y aprende, aprende de los sabios.

Mantén siempre a Itaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Pero no tengas la menor prisa en tu viaje

Es mejor que dure muchos años

Y que viejo a fin arribes a la isla.

Rico por todas las ganancias de tu viaje

Sin esperar que Itaca te va a ofrecer riquezas.

Itaca te ha dado un viaje hermoso.

Sin ella no te habrías puesto en marcha.

Pero no tiene ya más que ofrecerte.

Aunque la encuentres pobre, Itaca de ti no se ha burlado.

Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,

Ya  habrás comprendido el significado de la Itacas.

(Itaca)


De una u otra forma Cavafis fue un recreador de viejos mitos, un descorchador de sombras, que desde el pasado, como un cometa deslumbrante vino a traernos a nuestro mundo del futuro, todo un compás de discretas siluetas, sobre las que se mueve y  se palpa la vida.
No obstante no todo fueron mitos rescatados, también en sus poemas existieron otros márgenes y otras monotonías.

A un día monótono otro

Monótono, exactamente igual le sigue. Sucederán

Las mismas cosas, de nuevo volverán a suceder.

Los instantes –idénticos- nos hallan y nos dejan

Un mes pasa y trae otro mes.

Y lo que viene uno se lo figura fácilmente

Es lo mismo de ayer, aquello tan cargante.

Y a eso se reduce el mañana

como si ya ni mañana pareciese

(Monotonía)


Lo mas significativo no obstante de su obra quizá sea la brevedad, consecuencia de su sistema de trabajo a la hora de construir sus versos, puliendo y repuliendo cada palabra hasta el exceso.
Eso ocasionó que muchos de sus poemas al no obtener su propia aprobación acabasen en la papelera o en el fuego.
Hay ciertamente como un segundo periodo en su poesía que nos lleva hasta sus poemas eróticos ya mencionados antes y otros más diletantes a la hora de recoger sentimientos de calidez y amor.

Este cuarto que bien me lo conozco¡

Ahora lo alquilan, junto con el de al lado,

Para oficinas comerciales. Toda la casa

Transformada en oficinas de intermediarios,

De comerciantes, en Compañías

Ay este cuarto, que familiar me es¡

Aquí junto a la puerta estaba el sofá,

Delante de él la alfombra turca;

Cerca el estante con dos jarrones amarillos

A la derecha, no, enfrente un armario de luna.

En el centro la mesa en que escribía,

Y tres sillas de paja grandes.

Y junto a la ventana aquella cama

En la que nos amamos tantas veces.

En algún sitio estarán aun los pobres.

Y junto a la ventana aquella cama;

El sol de la tarde le daba solo en la mitad.

…Una tarde, a las cuatro, nos habíamos separado

por una semana solamente…ay¡

la semana aquella ha sido para siempre.

(El sol de la tarde)

 

Y  acabo ya esta pequeña reflexión a la obra del gran poeta Griego, con uno de sus poemas quizás menos reconocible pero no por ello exento de esa grandeza fulminante y dura en la que las cosas se dicen a la vez que se siente.
Se trata de un poema, podríamos decir, del final de su primera época, si es que hay alguna forma de catalogar eso. Escrito entre 1916-18 y que lleva por titulo: (Desde las nueve)

Las doce y media. Rápido ha pasado el tiempo

Desde las nueve que encendí la lámpara

Y me senté aquí. Sentado sin leer,

Y si hablar. Con quien hablar

Tan solo como estoy en esta casa.

La imagen de mi cuerpo joven,

Desde las nueve en que encendí la lámpara,

Ha venido a mi encuentro y me ha recordado

Cerradas estancias perfumadas

Y el placer ya pasado – ¡que placer mas audaz¡-

Y me trajo también ante mis ojos,

Calles que ahora se han vuelto irreconocibles

Locales llenos de movimiento que su fin han visto

Y teatros y cafés que existieron un día.

La imagen de mi cuerpo joven

Ha venido a traerme también las cosas tristes

Lutos de familia, separaciones,

Sentimientos de los míos, sentimientos

De los muertos tan poco valorados

Las doce y media. Como ha pasado el tiempo.

Las doce y media. Como han pasado los años.

(Desde las nueve)

Habría que dedicarle al menos el doble de espacio a un poeta como Cavafis y no irse sin hacer mención de algunos de sus poemas mas celebres y cargados de finísima ironía, que aunque no fuese esta una de las actitudes que mas prodigó en sus versos, si que es bien cierto que la utilizó a veces dejándonos momentos tan ineludibles como brillantes, valga un botón de muestra, como el de su reflexión sobre el agotamiento de las sociedades y su necesidad de reconstruirlas desde la raíz para salvarlas de todo aquello que las ha corroído hasta la medula, hoy podría muy bien utilizarse esta metáfora para aplicarla a nuestra actual sociedad,  capitalista, miserable y ensordecida, aglutinante y degenerada, devoradora de almas y de cuerpos. En definitiva esta en la que vivimos, o morimos…

¿A que esperamos congregados en la plaza?

-Es que hoy llegan los bárbaros

¿Por qué hay tan poca actividad en el Senado?

¿Por qué los senadores –sentados- no legislan?

-Porque hoy llegan los bárbaros

¿Qué leyes dictarían ya los senadores?

Cuando lleguen las dictaran los bárbaros

¿Por qué el emperador se ha levantado tan temprano

Y en la puerta principal de la ciudad esta sentado tan solemne,

En su trono y coronado?

Porque hoy llegan los bárbaros

Y nuestro emperador esta esperando para

Recibir a su jefe. Incluso ha preparado

Un pergamino para él. Y en el le ha conferido

Nombramiento y títulos sin cuento

¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores han salido hoy

con sus togas recamadas de púrpura?

¿Por qué esos brazaletes de tantas amatistas

y anillos de esmeraldas destellantes?

¿Por qué empuñan bastones tan preciosos labrados

Maravillosamente en oro y plata?

Porque hoy llegan los bárbaros

Y esas cosas deslumbran a los bárbaros

¿Por qué los dignos oradores no vienen como siempre a lanzar

sus discursos a soltar peroratas?

Porque hoy llegan los bárbaros

Y elocuencias y arengas les aburren

¿Por qué surge de pronto esa inquietud y confusión

¡Que gravedad la de esos rostros¡

¿Por qué rápidamente calles y plazas se vacían

y todos vuelven a casa pensativos?

Porque ya ha anochecido y no llegan los bárbaros

Y desde las fronteras han venido algunos

Diciéndonos que no existen más bárbaros

Y ahora ya sin bárbaros ¿que será de nosotros?

Esos hombres eran una cierta solución

(Esperando a los bárbaros)


“Su significado es intemporal: la retórica de la sumisión a lo cercano por temor a lo lejano, la corrupción moral, la descomposición política, el simbolismo acaparador del poder” (Nacho Segurado)

Reflexiones como esta no cayeron en saco roto, léase sino a Emile Cioran y se dará uno cuenta de que lo parafrasea con acierto, cuando escribe aquello de:                  

 “No todo está perdido, quedan los bárbaros.”

 

 *(1) Nota transcrita del prologo de Ramón Irigoyen a la edición de 1999 de el libro Poemas de C.P.Cavafis.

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