En Carne extraña.- (Charles Baudelarie)


Fue el poeta Francés para mí, como para tantos otros osados y aventureros que decidimos abrirnos a las esencias del bello e imperecedero aroma de la poesía, no ya una fuente de inspiración dentro de sus infinitos recursos, sino más bien como una catapulta para lanzarnos al mar de los poemas, para ya nunca poder regresar, al menos sin un solo rasguño. Porque cuando la poesía deja marcas, estas son ya imborrables y nos harán seguirla con denuedo como se sigue, a la mujer o al hombre, que se ama.

Mi juventud no fue sino un gran temporal
Atravesado, a rachas, por soles cegadores;
Hicieron tal destrozo los vientos y aguaceros
Que apenas, en mi huerto, queda un fruto en sazón.

He alcanzado el otoño total del pensamiento,
y es necesario ahora usar pala y rastrillo
Para poner a flote las anegadas tierras
Donde se abrieron huecos, inmensos como tumbas.

¿Quién sabe si los nuevos brotes en los que sueño,
Hallarán en mi suelo, yermo como una playa,
El místico alimento que les daría vigor?

-¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo,
Y el oscuro enemigo que nos roe el corazón,
Crece y se fortifica con nuestra propia sangre.

                         

Imperturbable el tiempo destroza cuanto toca. No hay sustento que pueda hacernos escapar de sus temores, de sus garras de fuego, de su lenta y dolorosa magnitud. Por eso es que Baudelaire nos incita desde un principio a no perderlo nunca.

“si una ocasión se ofrece de placer clandestino
la exprimimos a fondo como seca naranja.
Si el veneno, el puñal, el incendio, el estupro,
no adornaron aún con sus raros dibujos
el banal cañamazo de nuestra pobre suerte,
es porque nuestro espíritu no fue bastante osado.”

Esa osadía a la que nos incitan sus versos, parece ser la misma que él acuño en sus días. De la carnalidad de la vida se fraguan sus poemas, como ritos inmunes a la moralidad social de su entorno.

“Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña,
es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar”

Una vida corta plagada de mujeres y de alcohol, en burdeles de toda condición, convirtió a Baudelaire en un poeta maldito. En ese mismo malditismo en el que naufragaron o salieron a flote otros muchos poetas y escritores de su entonces, Rimbaud, Verlaine, Nietzsche, que sin saberlo estaban configurando una de las generaciones más notables del siglo XIX. Era entonces la sífilis, el SIDA de su tiempo, y fue la muerte disfrazada de sífilis la que lo arrastró a la temprana edad de 46 años.

Ella estaba desnuda, y, sabiendo mis gustos,
Sólo había conservado las sonoras alhajas
Cuyas preseas le otorgan el aire vencedor
Que las esclavas moras tienen en días fastos.

Cuando en el aire lanza su sonido burlón
Ese mundo radiante de pedrería y metal
Me sumerge en el éxtasis; yo amo con frenesí
Las Cosas en que se une el sonido a la luz.

Ella estaba tendida y se dejaba amar,
Sonriendo de dicha desde el alto diván
A mi pasión profunda y lenta como el mar
Que ascendía hasta ella como hacia su cantil.

Fijos en mí sus ojos, como en tigre amansado,
Con aire soñador ensayaba posturas
Y el candor añadido a la lubricidad
Nueva gracia agregaba a sus metamorfosis;

Y sus brazos y piernas, sus muslos y sus flancos
Pulidos como el óleo, como el cisne ondulantes,
Pasaban por mis ojos lúcidos y serenos;
Y su vientre y sus senos, racimos de mi viña,

Avanzaban tan cálidos como Ángeles del mal
Para turbar la paz en que mi alma estaba
Y para separarla del peñón de cristal
Donde se había instalado solitaria y tranquila.

Y creí ver unidos en un nuevo diseño
-Tanto hacía su talle resaltar a la pelvis-
Las caderas de Antíope al busto de un efebo,
¡Soberbio era el afeite sobre su oscura tez!

-Y habiéndose la lámpara resignado a morir
Como tan sólo el fuego iluminaba el cuarto,
Cada vez que exhalaba un destello flamígero
Inundaba de sangre su piel color del ámbar.

Solo poetas de esta grandeza pueden hacer que pervivan en el tiempo…, a través de los tiempos, sus versos como antorchas cegadoras que han de alumbrarnos siempre. De su mística carnal y poderosa crecen las ramas fuertes que han sustentado a autores mucho más recientes, pero que fueron ungidos por la mano poderosa y aviesa de este individuo de extremos tan incontestables como la vida misma.

Cuando entorno los ojos bajo el sol otoñal
Y respiro el aroma de tu cálido seno,
Ante mí se perfilan felices litorales
Que deslumbran los fuegos de un implacable sol.

Una isla perezosa donde Naturaleza
Produce árboles únicos y frutos sabrosísimos,
Hombres que ostentan cuerpos ágiles y delgados
Y mujeres con ojos donde pinta el asombro.

Guiado por tu aroma hacia mágicos climas
Veo un puerto colmado de velas y de mástiles
Todavía fatigados del oleaje marino,

Mientras del tamarindo el ligero perfume,
Que circula en el aire y mi nariz dilata,
En mi alma se mezcla al canto marinero.

Las Flores del Mal. Fue uno de los hitos históricos más importantes para el entorno de la poesía. Una poesía surgida de las mismas entrañas del ser humano. Con sus debilidades, con sus sabidurías. Una poesía que estalla como una bomba de racimo no dejando alrededor ni un solo pálpito de indiferencia.

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