Al abrigo del Olmo. (Antonio Machado)


machado

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

                      (A un olmo viejo)
 
 
  En este año 2009, setenta hacen de la muerte de Don Antonio, el profesor poeta, que desgajó su vida en un periodo incierto de nuestra historia, periodo que sin duda acabó con él.

Cualquier referencia a este eminente hombre huelga por si misma. Si embargo yo hoy no podía dejar pasar, mi propia necesidad de saldar una deuda con él.

El fue guía y faro, de cientos de individuos que como yo, durante los años 70 del siglo pasado descubrimos sus poemas.

 

                                 “Entonces yo no sabia

                                    que hoy es ayer todavía”

 

Toda la nomenclatura de sus versos se puede resumir en un concepto: Música. No hay nada como ese sentido musical a la hora de engendrar sus poemas. De una forma casi admirable consigue que cada palabra suene no solo como la expresión de un concepto sino como las notas de una canción.

                             

                    “Yo voy soñando caminos

de la tarde. !Las colinas

doradas los verdes pinos

las polvorientas encinas¡…

¿a donde el camino irá?

Yo voy cantando viajero,

a lo largo del sendero…

-La tarde cayendo está-

En el corazón tenía

la espìna de una pasión

logré arrancarmela un dia

ya no siento el corazón

Y todo el campo un momento

se queda, mudo y sombrio

meditando. Suena el viento

en los alamos del rio

La tarde mas se oscurece

y el camino que serpea

y debilmente blanquea

se enturbia y desaparece

Mi cantar vuelve a plañir:

“Aguda espina dorada

quien te pudiera sentir

en el corazón clavada.”

                      (Soledades XI)

 

Recuerdo pues, aquellos entonces setenteros como una época de cantautores, y de reivindicación política, de cierto compromiso social, en busca de libertades que hasta ese momento a la sociedad le habían sido negadas por la cruel dictadura.

Y recuerdo en esos días a un tal Hilario Camacho que por suerte o por desgracia no era un cantautor al uso y que una tarde parda de abril, desgranó en el Aula Magna de cierta Facultad una canción que no era de protesta, ni de dolor, ni de poner las cosas en su sitio. Era un poema de don Antonio Machado, se llamaba: “El agua en sus cabellos”, y sonaba así:

 

 

               

                     

                            

Ya antes Joan Manuel Serrat, se había descolgado con un álbum monográfico, de poemas de Machado, quizás para mi gusto, algo fallido en sus arreglos, y en su musicalidad, pero esa es otra historia.

Como quiera que fuese Don Antonio, se había metido en el alma, de los músicos y de la gente. No es ninguna sorpresa que en ciertos momentos su lírica recuerde en algo a la de Federico Garcia Lorca:

 

                       “Abril florecía

                       frente a mi ventana

                       entre los jazmines

                       y las rosas blancas”

 

                       “De tu morena gracia

                        de tu soñar gitano

                        de tu mirar de sombra

                        quiero llenar mi vaso”

 

Supongo que dada la coetaneidad de ambos no es de extrañar. Sin embargo su tono general se me antoja más rítmico y lacerante, por eso su capacidad de llegada al gran público fue de tal impronta, que a muchos editores del momento les enganchó con el pie cambiado. De ahí que la mayoría de ediciones de esos días carezcan de la minuciosidad y brillantez con la que el autor debería haber sido tratado. Luego por supuesto todo ello se ha ido rectificando dada la recuperada envergadura del poeta. Hoy todas las librerías de España tienen más de un volumen con, sino todas, algunas de las principales obras del autor.

Del que solo voy a renombrar alguna más, pues de todos son bien conocidas cuando no estudiadas.

Creo que es en sus “Provervios y Cantares” donde mas se acerca Machado al corazón del pueblo y en donde desgrana con mas acierto parte de su filosofia de ahí que escoja para despedida algunas de ellas.

                                 

                                    IV

                   ” Nuestras horas son minutos

                   cuando esperamos saber

                   y siglos cuando sabemos

                   lo que se puede aprender”

                                 VIII

                    “En preguntar lo que sabes

                    el tiempo no has de perder

                    Y a preguntas sin respuesta

                    ¿quien te podrá responder?”

                                  XII

                    “Ojos que a la luz se abrieron

                    un día para, después,

                    ciegos tornar a la tierra,

                    hartos de mirar sin ver¡”

                                  XXI

                    “Ayer soñé que veia

                    a Dios y que a Dios hablaba;

                    y soñé que Dios me oia…

                    Despues soñé que soñaba”

                                  XXIII

                    “No estrañeis dulces amigos

                    que esté mi frente arrugada

                     yo vivo en paz con los hombre

                     y en guerra con mis entrañas”

                       (incluidos en Campos de Castilla)

                                   (1907-1917)

 Solo puedo decir ya dos palabras para ir acabando el texto: Solo dos,

!Gracias maestro¡

                    

                   

               

 

 

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