A tiempo. (León Felipe)


 
 De esos versos que se quedan pegados al paladar, como decía Edgar Valdés, el otro día, recordé unos que se me repiten a menudo:

       

               “Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo
             Porque no es lo que importa llegar solo ni pronto
                    Sino con todos y a tiempo.”
 L. Felipe

 Tuve en ese momento la conciencia de lo mucho que D. Felipe Camino, que así era el verdadero nombre de León Felipe, había significado en mis años de adolescencia y juventud. Un poeta tan social como él, transformando un mundo de romanticismo adolescente como el mío.
Sé que significó tanto porque muchos de sus versos se me quedaron prendidos como un “lamparón” en mi cerebro, que no he podido arrancar con ningún quitamanchas de memoria.

                   “Y ahora a mi me sucede lo contrario
                       que al hidalgo manchego;
                    y tomo por rebaños los ejércitos.

Aquellos versos de puro pacifismo e ironía que rememoro en este instante, luego me acompañaron en tiempos de odios y mentiras.

Luego mucho después, cuando nos mandaron de tiros al Oriente lejano, en los que por desgracia aún estamos.
Tuvo mucho que ver en mi presente su nostalgia, su algo de pesimismo exacerbado, su rencor a la muerte. Que como ya dijera Benedetti : Es una traición de Dios. Y que para Felipe era un Salto.

             “Somos como un caballo sin memoria,

                         somos como un caballo,

                que no se acuerda ya

                de la última valla que ha saltado.

 

               venimos corriendo y corriendo

          por una larga pista de siglos y de obstáculos.

                De vez en vez la muerte

                                              ¡el salto¡

               …Lloramos y corremos,

               caemos y giramos,

             vamos de tumbo en tumba

    dando brincos y vueltas entre pañales y sudarios.”

 

Fue León Felipe como digo un referente de mi adolescencia, marcada por los versos, de tal forma que sin saber mucho de nada y menos de poesía me introduje en el poema de una manera que entonces no sabia, que serian marcas, incrustaciones a tinta en mi futuro. Sus formas eran claras sin cargas metafóricas excesivas, seguramente todo ello influenciado por el entorno en el que su vida se desarrolló en aquellos momentos de guerra civil, de inicios de la Poesía Social Española del siglo XX, y de un doloroso exilio en Mexico, que haría aun más, naturalista y comprometida su voz.

No obstante es de unos de sus últimos libros de que quiero extraer ahora su poema titulado: Perdón, escrito en 1967.

” A Manolo Olarra
abierto y generoso siempre
 y amigo invulnerable”

!Soy ya tan viejo.

y se ha muerto tanta gente a la que yo he ofendido

y ya no puedo encontrarla para pedirle perdón¡

ya no puedo hacer otra cosa

que arrodillarme ante el primer mendigo

y besarle la mano.

yo no he sido bueno…

quisiera haber sido mejor

estoy hecho de un barro

que no esta bien cocido todavía.

tenia que pedir perdón a tanta gente

pero todos se han muerto.

¿a quien le pido perdón ya?

¿a ese mendigo?

no hay nadie mas en España

en el mundo

a quien yo deba pedirle perdón?

voy perdiendo la memoria

y olvidando todas las palabras…

ya no recuerdo bien..

voy olvidando…olvidando…olvidando…

las palabras se me van

como palomas de un palomar desahuciado y viejo

y solo quiero que la ultima paloma

la ultima palabra, pegadiza y terca,

que recuerde al morir sea esta: Perdón.

Antes de hacerme un hombre adulto, o lo más parecido, si es que he llegado a ello, cosa que a veces dudo: Yo era entonces  un joven que soñaba con volar, pero que a la vez suscribía cada una de las palabras de un anciano a punto de saltar. Como las de aquella carta a su hermana Salus:

 

 

…”No te digo estas cosas para hacerme el singular, no es hora de hacer piruetas y jugar al extravagante. Yo no he querido nunca singularizarme. Fui siempre un tímido…No he sabido jamás hacer las cosas bien y a veces he parecido un gran egoísta, pero no soy propiamente un egoísta. He andado siempre por el mundo con muy pocas ganas de vivir y sin cables ni amarras con las cosas y con los hombres, lo cual es distinto y mucho más grave también. Es como un suicidio permanente.”  

 

Compartí con sus versos, amores que no tuve, sueños que fueron cuentos, y cuentos que soñaba.

Y todo ello en un tiempo sin Internet ni móviles, en el que se sabía solo porque leías y yo leí sus versos y fue como saltar.

                             

       “Yo no se muchas cosas, es verdad

       Digo tan solo lo que he visto

       Y he visto:

     Que la cuna del hombre la mecen con cuentos

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos

      que el llanto del hombre lo taponan con cuentos

      que los huesos del hombre los entierran con cuentos

       y que el miedo del hombre…

       ha inventado todos los cuentos.

       Yo no se muchas cosas, es verdad

       pero me han dormido con todos los cuentos…

       y sé todos los cuentos.”

 

 

 

Ahora mirando atrás y viendo todo desde la perspectiva de la edad, me voy dando cuenta de que me he convertido cada vez más en él, excepto en que “de toda la baraja de mis versos, como bien decía, no se salvarán mañana ni la reina ni el as”, mientras que de los suyos se me han salvado todos.

 

Su carta a Salus: su definición de si mismo se me antoja severamente similar a muchos conceptos compartidos.

 

En una fiesta no sé ofrecerle una flor a la mujer mas hermosa pero mi poesía la he tirado generosamente al viento para que la recojan los mendigos… No he sabido nunca vender ni comprar, ni como se da una mordida, ni como se recibe un obsequio. Para pedir lo mío me he sonrojado siempre y en realidad yo no he dicho nunca: esto es mío.  

No fui más que orgulloso… un tímido orgulloso…Lo cual es mucho peor que ser un egoísta. Peor para andar por el mundo. Un egoísta gana siempre. Yo he perdido en todos los juegos incluso en aquel para el que había sido formado. Cuando Dios me pida cuentas de los diez talentos que se me dieron al nacer tendré que ofrecerle mis manos vacías. Tendrá el que hacer la cuenta de mi debe y haber y estaré de seguro en bancarrota.  

Me hubiese gustado ser un buen burgués o tener un oficio, esto de ser una oveja sin rebaño¡…”  

 

A mi también me habría gustado ser un buen burgués o tener un oficio, pero sobre todo me habría gustado ser un gran poeta, justo lo que él fue.

 

 

                                             

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